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miércoles, 11 de marzo de 2026

LOS POZOS DEL EMPRENDEDOR

 

Por: Loida Heredia

¿Cuántas veces hemos iniciado un proyecto con ilusión, solo para verlo naufragar ante el primer obstáculo? El emprendimiento y la prosperidad suelen presentarse como caminos lineales, pero la realidad nos enfrenta a una serie de pruebas que desafían nuestra resistencia y, sobre todo, nuestro carácter. La historia de Isaac en Gerar, narrada en el capítulo 26 de Génesis, no es solo un relato bíblico sobre pozos de agua; es una hoja de ruta estratégica para quienes buscan edificar sus finanzas sobre una base espiritual sólida.

Al intentar reabrir los pozos que su padre Abraham había cavado, Isaac no encontró agua de inmediato, sino resistencia. El primer pozo, Esek, simboliza la contienda. Es esa realidad agridulce donde, tras el esfuerzo de innovar y hacer fluir un proyecto, aparecen quienes anteriormente lo habían ignorado o incluso saboteado para reclamarlo como propio. La envidia no es un fenómeno moderno; es la sombra que persigue a la visión. Hay personas que, incapaces de sostener un proyecto por falta de propósito, prefieren "enterrar" la idea ajena antes que verla prosperar. Sin embargo, la enseñanza de Isaac es magistral: no peleó por el pozo. Entendió que el manantial no estaba en la tierra, sino en su interior, y que la bendición le seguiría a donde quiera que fuera.

El camino hacia el éxito rara vez se despeja al primer intento. Al cavar el segundo pozo, Sitna, Isaac se encontró con la enemistad persistente. Aquí es donde muchos emprendedores se desgastan emocionalmente. Es fácil caer en la tentación de responder a la agresión o de declarar palabras negativas sobre nuestra situación. No obstante, debemos entender que Dios no se agrada de los negocios que nacen del pleito. Si un proyecto nos roba la paz y nos obliga a vivir en un campo de batalla, es una señal clara de que ese no es el lugar de nuestra bendición. La sabiduría radica en apartarse y confiar en que lo que Dios tiene para nosotros no añade tristeza.

La recompensa a esta mansedumbre llega en Rehobot, el lugar de los espacios amplios. Es el momento en que la contienda cesa y la idea, finalmente, encuentra libertad para expandirse. Isaac supo leer esta señal: la paz es el indicador de la prosperidad divina. La estrechez de los conflictos no nos pertenece; nuestro diseño es para la expansión. Cuando dejamos de luchar con los hombres y empezamos a confiar en el diseño de Dios, el terreno se ensancha por sí solo.

Finalmente, el proceso culmina en Beerseba. Isaac no llegó allí como un fracasado que huyó de Gerar, sino como un hombre procesado y victorioso que dejó un rastro de pozos abiertos para beneficio de otros. En Beerseba, las relaciones rotas se restauran y el agua fluye sin angustia. Es la etapa donde el proyecto ya no es una carga, sino un fruto que camina solo. Dios utiliza este recorrido para probar si nuestro corazón valora más el bienestar económico o su paz. Una vez superada la prueba del carácter, la bendición llega sin dilación, confirmando que hemos aprendido a manejar las finanzas, precisamente, a la manera de Dios.

La autora es administradora de empresas con maestría en finanzas y actual CEO de Grupo ANLO

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