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viernes, 6 de marzo de 2026

Sororidad: entre el discurso y la realidad

 

Arte/Tomás Villafaña 

Por: América Pérez

Cada año, cuando se acerca el Día Internacional de la Mujer, las redes sociales se llenan de mensajes sobre sororidad, empoderamiento y apoyo entre mujeres. Vemos frases motivadoras, fotografías con consignas feministas y discursos que llaman a la unidad femenina. Sin embargo, detrás de ese discurso público, muchas veces se esconde una realidad incómoda: la sororidad que se proclama no siempre se practica.

La sororidad, en su esencia, significa solidaridad, apoyo y respeto entre mujeres frente a las desigualdades históricas que hemos enfrentado. Es un concepto poderoso, que busca que las mujeres se reconozcan como aliadas y no como rivales. Pero en la práctica, en muchos espacios sociales, políticos y comunitarios, lo que vemos es todo lo contrario.

En municipios como Santo Domingo Oeste, donde convivimos de cerca y donde los liderazgos se construyen día a día en el trabajo comunitario, político y social, no es extraño observar una realidad que muchas prefieren callar: mujeres que no toleran el crecimiento de otras mujeres. Mujeres que no soportan que otra sea reconocida, aplaudida o valorada por su trabajo.

Es duro decirlo, pero existe una competencia que muchas veces se vuelve desleal, mezquina y hasta destructiva. En lugar de tender puentes, se levantan barreras. En lugar de apoyar, se desacredita. En lugar de celebrar los logros ajenos, se minimizan o se atacan.

Y esto es especialmente lamentable cuando se da en contextos de relaciones de poder. Cuando una mujer tiene la oportunidad de abrir puertas para otras, pero en lugar de hacerlo decide cerrarlas. Cuando el liderazgo femenino se convierte en una plataforma para excluir, en vez de incluir.

Quizás no hemos entendido todavía una verdad simple pero poderosa: cuando una mujer es reconocida, nos están reconociendo a todas. Cuando una mujer avanza, abre camino para otras. Cuando una mujer rompe barreras, demuestra que sí es posible.

El éxito de una mujer no debería ser visto como una amenaza, sino como una victoria colectiva. Porque cada logro femenino desmonta prejuicios, rompe estereotipos y amplía los espacios que históricamente nos han sido negados.

Por eso, más que publicar frases bonitas cada 8 de marzo, deberíamos hacer un ejercicio sincero de reflexión. Preguntarnos si realmente estamos practicando la sororidad que tanto proclamamos. Si estamos apoyando a otras mujeres cuando crecen, cuando brillan, cuando son reconocidas.

La verdadera sororidad no se demuestra con hashtags ni con discursos. Se demuestra en las acciones cotidianas: en el respeto, en el respaldo, en la capacidad de alegrarnos por los logros de otra mujer sin sentir que eso disminuye nuestro propio valor.

Tal vez el mayor reto que tenemos como mujeres no sea solo conquistar espacios en la sociedad, sino aprender a caminar juntas hacia ellos.

Porque al final, ninguna mujer pierde cuando otra mujer triunfa. Al contrario, todas avanzamos un poco más. ✨

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