He recibido ataques racistas por mis raíces haitianas. A quienes cuestionan mi nacionalidad les respondo con respeto, pero con firmeza: Soy dominicano. Y aunque a algunos les incomode, nada cambiará esa realidad.
Orgulloso de mis raíces, no las reniego ni las escondo: son parte de quien soy. Pero cuando hablen de mis logros deportivos, háganlo como lo que son: los logros de un atleta dominicano que dedicó su vida a defender con orgullo la bandera tricolor.
Agradezco a Dios por haberme permitido nacer en esta tierra; si pudiera elegir, volvería a nacer en la República Dominicana una y mil veces.
Gracias a mis compatriotas por tanto cariño.
Muchos sin compartir mi sangre me han tratado como a un hermano. Ustedes son el verdadero corazón de este país.
Un verdadero dominicano no se define por el color de piel, apellidos o el origen de sus padres. Se define por amar esta tierra, levantar su bandera y trabajar por un país mejor.
Quiero ser claro: apoyo que la República Dominicana haga cumplir sus leyes migratorias y regule la migración irregular. Eso es soberanía y Estado de derecho. Pero defender las leyes jamás debe ser excusa para el racismo o el desprecio hacia otro ser humano.
La Dominicana que conozco es solidaria, trabajadora y generosa. Es el país que creyó en mí y me permitió llevar su bandera a lo más alto.
Yo no elegí dónde nacer, pero todos los días elijo amar, servir y representar a la República Dominicana.
Mi mayor identidad son mis acciones y el orgullo con el que defiendo a mi país. Porque la patria se lleva en el corazón.
Cuando gané una medalla olímpica, no la ganó un color de piel o un apellido: La ganó la República Dominicana. Esa fue la bandera que llevé en el pecho y la que siempre defenderé.
Por: Luisito Pie

No hay comentarios:
Publicar un comentario