Lo que debía ser una noche de deporte, pasión y sana competencia terminó convertido en un espectáculo vergonzoso que mancha la imagen del baloncesto, del municipio y de la juventud.
El enfrentamiento ocurrido la noche de ayer viernes entre fanáticos de Villa Nazaret y Las Caobas deja en evidencia una realidad preocupante: hay sectores de la fanaticada que han comenzado a normalizar la violencia como parte del entretenimiento deportivo.
Y eso debe condenarse.
Resulta alarmante ver cómo algunas personas que participan en estos eventos, e incluso figuras vinculadas al entorno deportivo y comunitario, promueven escenarios de caos, los celebran, los difunden en redes sociales y sienten alegría cuando una actividad termina en pleitos, rabazos y enfrentamientos.
Eso no es cultura deportiva.
Eso no es liderazgo.
Eso no representa a nuestras comunidades.
Quien incentive violencia, quien alimente el odio entre fanaticadas o quien utilice plataformas para glorificar el desorden también tiene responsabilidad moral sobre las consecuencias que puedan ocurrir. Filtrando video.
Mientras dentro de la cancha los jugadores competían con intensidad y respeto, fuera del tabloncillo algunos fanáticos decidieron perder el control y convertir un evento familiar en una escena lamentable.
El deporte no puede seguir siendo secuestrado por la intolerancia.
Desde Trazos News condenamos enérgicamente los hechos ocurridos en el polideportivo de Las Caobas y hacemos un llamado urgente a los organizadores, autoridades deportivas, Policía Nacional, dirigentes comunitarios y líderes juveniles a asumir con responsabilidad el rol que les corresponde. Ver a la Policía Nacional en el baño mientras el mundo se acababa no tiene precio.
La juventud necesita torneos, espacios recreativos y oportunidades para crecer, no ambientes cargados de odio y violencia. Lo ocurrido anoche es una señal de alerta que obliga a reforzar la seguridad, pero también la educación emocional, la disciplina y el respeto.
No podemos permitir que el fanatismo destruya lo que tanto sacrificio ha costado construir.
El techado de Las Caobas es una conquista del pueblo.
Debe ser escenario de talento y convivencia, no de caos y agresión.
Porque cuando la violencia se roba el protagonismo, no gana ningún equipo.
Termina perdiendo el deporte.

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