Las manzanas 28 y 29 de Las Caobas viven hoy una situación crítica que ha llevado a sus moradores a atravesar uno de los momentos más difíciles de su historia reciente. La realidad que impera es un caos total, marcado por el abandono, la falta de planificación y la ausencia de respuestas sostenidas.
En la zona funciona una fiscalía que anteriormente era un destacamento policial. El flujo constante de personas por los múltiples casos que allí se conocen genera un grave congestionamiento vial. A esto se suma la presencia de vehículos en estado de abandono —verdaderas chatarras— estacionados a ambos lados de las calles, lo que impide la circulación normal, incluso de los camiones enviados por la Alcaldía para ofrecer servicios básicos.
Durante la gestión del exalcalde José Andújar, sostuvimos un encuentro con el señor Eduardo Santos, quien acudió al lugar y logró, por un corto tiempo, el retiro de algunos vehículos. Sin embargo, hoy la situación es aún peor.
Las aceras están totalmente destruidas, los contenes deteriorados y las calles llenas de hoyos. En muchos casos, han sido los propios vecinos quienes, ante la falta de intervención estatal, han tenido que verter escombros para taparlos. En la manzana 29, muchos ni siquiera recuerdan cuándo fue la última vez que se colocó asfalto.
A esto se suma la ausencia total de áreas recreativas, una carencia grave que deja a nuestros jóvenes sin espacios sanos y los expone a las drogas y la delincuencia. La iluminación pública es deficiente; la mayoría de las lámparas permanecen apagadas, aumentando la inseguridad.
La contaminación sónica es otro problema que nos afecta. Es cierto que los comercios necesitan operar y vender, pero también es necesario apelar a la prudencia y al respeto. La convivencia exige equilibrio.
Nuestra comunidad está compuesta, en su mayoría, por adultos mayores. Sin embargo, no hemos logrado articular una red vecinal sólida que sirva de apoyo, acompañamiento y mano amiga. Lo mismo ocurre con el hospital: quizás hoy no cuenta con todas las condiciones para operar una emergencia, pero tampoco nos hemos unido como comunidad para exigir de manera organizada que funcione de forma eficiente.
Son muchas las acciones que podemos emprender juntos. No estamos en contra de nadie; estamos a favor de quienes nos vieron nacer, crecer y desarrollarnos.
Si se observa la conducta y la hoja de vida de los hombres y mujeres que integran esta plancha de Unidad Comunitaria, se comprobará que somos gente de bien, personas que aportan, que actúan de frente, de manera correcta y dentro del marco de la legalidad.
Este ha sido un proceso difícil. En ocasiones hemos querido tirar la toalla, porque la maldad y la manipulación de cada palabra han sido fuertes y dolorosas. Pero quien se rinde ante las pruebas no puede decir que es hijo de Dios ni que vive con fe.
Este camino puede costarnos “amigos”, vecinos o incluso bienes, como le ocurrió a Job cuando fue probado. Pero jamás nos quitará la ética, la moral ni el deseo profundo de trabajar para transformar nuestro barrio.
Porque hay muchas cosas bonitas que aún podemos hacer por nuestra gente, sin dañar a nadie.
Por: América Pérez

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